El domingo que entendí que vivo una crisis humanitaria en Puerto Rico

Que no quepa duda de que Puerto Rico vive una crisis humanitaria. Puerto Rico se ha convertido en un refugio de 3.5 millones de personas.

Al quinto día tras el paso de la dantesca María, todavía se reportan personas que no han sido rescatadas en Utuado. El país, en casi el 100%, no cuenta con luz eléctrica y sólo 500 mil abonados cuentan con agua.

Las filas de más de 100 carros buscando gasolina son la orden de día en Caguas, en Fajardo, en Río Piedras…en cada puesto de combustible abierto.

Vehículos aconglomerados en los carriles laterales de las autopistas indican que esos espacios son los nuevos “hotspots” improvisados tras el colapso de las comunicaciones de las grandes compañías de celulares.

Datos dados a conocer ayer, lunes, por el gobernador Ricardo Rosselló en conferencia de prensa desde el Centro de Mando, en el Centro de Convenciones, en San Juan, rematan la situación de emergencia:

– 16 muertes directas

– 5,000 rescatados

– Advertencias inminentes del colapso de las represas de Villalba y Guajataca

– Personas en los techos de sus casas tras inundaciones en Levittown

– Reporte preliminar de cadáveres flotando en cementerio de Lares

– Decenas de personas durmiendo en el piso del aeropuerto

Escuchar que se les proveerá comida vía “air bag” a aquellas personas que no han podido comunicarse en algunos de los 78 municipios de esta isla caribeña parecería una escena de película hollywoodense, pero va a ocurrir.

El domingo viví experiencias que miles de servidores públicos y ciudadanos comunes y corrientes están viviendo desde la noche del martes, 19 de septiembre, cuando el huracán María, categoría 4, decidió pasar por este pedazo de tierra de 100 x 35 millas.

Comparto aquí con ustedes el domingo que entendí que vivimos una crisis humanitaria, hoy eso parece mucho más una realidad.

7:15 am – El día comienza con el aviso de un vecino del apostamiento de un camión de agua potable en la urbanización, en Caguas. ¡A correr se ha dicho! La primera fila del día.

7:51 am – La esperanza de entrar a comprar lo mínimo en el supermercado se desvanece cuando vemos la fila en el centro comercial de Los Prados, en Caguas. La meta en el día: conseguir un vuelo para Nueva York y cambiar unos vuelos de mi hijo y esposo. “Vámonos para el aeropuerto”, dice mi hijo.

8:12 am – Las calles todavía siguen todavía con postes y escombros.

8:28 am – Divisar aviones militares en el aeropuerto Luis Muñoz Marín, en Carolina, es un momento agridulce. ¿Estamos en una crisis humanitaria?

8:50 am – La situación en el aeropuerto da indicios de desesperación. El calor es insoportable. Me temo que los índices de emigración aumentarán en los próximos meses. No hay suficientes abanicos.

10:15 am – Mi hijo y yo decidimos salir a buscar conexión de Internet y de comunicación para hacer los cambios de vuelo por teléfono fuera del aeropuerto. Los semáforos están virados o en el piso.

Llegamos hasta la zona de El Telégrafo donde han anunciado conexión gratis, pero no logramos nada. Más de 50 personas lograban comunicarse vía celulares.

En el camino, personas cantaban temas religiosos. Cerca de la parada del Tren Urbano de Sagrado Corazón se escuchaba “Alabaré, alabaré”. Y yo me pregunté: ¿por qué Dios nos hizo esto?

1:10 pm – Estábamos de vuelta al aeropuerto. Esta vez teníamos que hacer la fila de JetBlue para saber cuándo podía llegar a Nueva York. El lunes vuelvo a clases en la Escuela Graduada de CUNY, en Nueva York. ¿Llegaré?

1:17 pm – Las 8.5 onzas de agua entraron por mi boca se desaparecieron de un sopetón. Niños, personas mayores, jóvenes intercalan sus gotas de sudor con el acento niuyorican. Personal de JetBlue reparte agua, pero la fila no baja. Son más de 100 personas.

No hay abanicos suficientes y la fila no se mueve.

Sudo como nunca. Siento que me caliento

por dentro y el sudor no enfría mi cuerpo.

1:32 pm – El calor no cede. Cartones y botellas se convierten en extensiones en las manos de la gente.

1:43 pm – Llega el vecino de la fila para decir: “Dicen que no hay más vuelos”. Mis esperanzas de llegar a Nueva York desaparecen.

Cookie, la mascota del vecino de al frente, también se rinde ante el calor.

1:47 pm – Los nuevos vecinos de la fila -Steven, del Bronx; Eddie Candelario, de Brooklyn; y Nelson Guadalupe, de Orlando- olvidan el calor y empiezan a hablar del último hijo de Steven.

Es inevitable reírme.

1:51 pm – En la mirilla hay un celular que aparentemente funciona. Don Nelson sigue diciéndome quiénes hablan por celulares. Yo los tengo a todos identificados dispuesta a darle par de pesos al primero que me dejara hacer una llamada.

2:08 pm – Llegando a la meta del mostrador, el pasaporte de Bengie no aparece. Histeria, calor, picor, peste y coraje. ¡Esto no puede estar pasándome!

2:12 pm – ¿Dónde está el pasaporte? Lo perdí.

2:14 pm – La madre de Steven abanica a su nieto Troy Cordero. Amilda Soto es puertorriqueña. A los 11 años se fue a El Bronx, así que nunca ha vivido un huracán en la Isla.

Esta vez experimentó “la madre de los huracanes”.

“Está rojito”, le dice Amilda a Steven, quien anda preocupado pues aún no sabe si dormirá en el aeropuerto junto a su familia.

2:22 pm – Ya estamos llegando y el pasaporte no apareció.

Eddie Gates, de Fort Lauderdale, no agunta el “cramp” en su pierna derecha y se sienta en la silla de ruedas. Vino a ver a su novia en Toa Baja, pero la dejó en el hospital. En partes de Toa Baja, el agua subió más de dos pies, describe.

“¡Bad cramp!”, espepita a Paulina Andrade, gerente de JetBlue en Ecuador. Andrade llegó el domingo 17 de septiembre de su natal Ecuador para dar apoyo a su equipo en Puerto Rico. Luce amable y cansada.

2:35 pm – El empleado de JetBlue me informa que lo único disponible es para el 2 de octubre.

Las lágrimas son inevitables: el calor, la presión de trabajos universitarios pendientes, la emergencia del país, el pasaporte perdido…..

2:57 pm – Llegó al carro y aparece el pasaporte en el lugar menos sospechado.

Confirmo lo que mi cuerpo sabe: 94 grados Farenheit bombardean a todo ser viviente en la calle.

3:37 pm – Tras buscar y buscar los bolsillos de conexión para comunicarme, no lo logramos. Hoy he tenido la peor suerte. (Más tarde me enteré que supuestamente la empresa AT&T sufrió un robo de cobre).

Hemos decidido buscar gasolina, o sea tenemos que hacer otra fila. La verdad es que son dos filas. Coloco a mi hijo en la de los envases rojos. Yo me pongo en la fila de carros para tratar de subir el cuarto de gasolina que me queda. $20 es el límite por persona.

3:46 pm – Wapa Radio 680, la única emisora radial que ha transmitido ininterrumpidamente antes, durante y después del huracán, anuncia que Rangers buscan personas mayores de 21 años con portación de armas.

¡Los saqueos acechan principalmente en las noches!

4:05 pm – Se repite el titular: preocupación por escasez de agua y de diesel.

4:09 pm – El doctor Neftalí García anuncia que vienen los tiempos de trueque. Explica por Wapa Radio que él cambió gasolina para que le arreglaran un portón.

Ya estoy se acerca al puesto de gasolina.

4:16 pm – “El país no estaba preparado para un huracán categoría 5”, dice Neftalí García, experto en temas ambientales.

4:28 pm – “Es tiempo de un terremoto”, advierte García por Wapa Radio para completar la fotografía apocalística impregnada en mi mente. Recuerda que han pasado más de 100 años desde el último gran terremoto.

México salta a mi mente.

4:35 pm – Llevo demasiados días sin fumar. Tenemos agua, gasolina y dinero en efectivo.

La parada en búsqueda de mi vicio se convirtió en un viaje inesperado a Fajardo.

Dos samaritanos, Myrna Fuster y Enrique Martínez, habían recogido a José Serbia Acosta en el centro de Río Piedras y esperaban que la policía pudiera llevarlo a Fajardo. No tienen suficiente gasolina por eso pararon en el puesto de la 65th de Infantería.

Ante la situación del país, los policías no pueden abandonar los puestos de gasolina.

Acosta, de 54 años y paciente de diálisis, recién había sido de alta del hospital Auxilio Mutuo.

5:01 pm – Acosta, montado como mi copasajero, me advierte que ahora sí que viene un terremoto.

Su esposa encamada lo espera en su casa en Fajardo, dice.

Desde el viernes en la tarde fue hospitalizado de emergencia porque, cuenta, se le obstruyó el sistema de diálisis dentro de una vena.

Llevaba seis días sin diálisis. Padece de alta presión, diabetes y tiene dos prótesis pesadas en sus piernas. Solo recibió tres horas de diálisis en el hospital. “No podían aguantar más mi camilla”, expresa para añadir que el hospital estaba lleno.

5:09 pm – Las filas por la gasolina son interminables. Rumbo a Fajardo volvimos a toparnos con la misma escena que mi hijo y yo habíamos vivido en Río Piedras.

Acosta narra que la ambulancia en el hospital no pudo llevarlo el domingo porque no tenía combustible.

“Quisiera llegar a mi casa antes que le pase algo (a mi esposa) se me muera”, dice para explicar que ella tiene problemas del hígado y apenas puede levantarse de la cama.

5:36 pm – Ya Acosta en Fajardo rumbo a su casa, me aclara que mañana debe estar al amanecer para realizarse la diálisis. En el hospital, le pusieron un catéter en el fémur para realizarle el proceso de diálisis.

6:24 pm – Con alcapurria de jueyes en mano, me emociono al ver la primera brigada de la Autoridad de Energía Eléctrica. Mi hijo quiso parar en uno de los pocos kioscos de Luquillo abiertos para comprar frituras, que se cocinan ràpido y son baratas.

El toque de queda se acercaba, mientras confirmo que la Ley Seca solo tiene de “seca” el nombre.

7:27 pm – Decidimos pararnos en el paseo cerca de la antigua cárcel Oso Blanco para grabar un vídeo a nuestros familiares.

Antes de irnos, mi hijo se percató del mensaje escrito en la pared. No sé si estaba escrito antes del paso del huracán María. Solo sé que la noche nos obligó a leerlo..

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