Un país “under destruction”

Por: Vanessa Colón Almenas

Imagínese un país encarecido por un endeudamiento millonario. Imagínese que su población disminuye sustancialmente. Imagínese que un huracán con la fuerza más brutal lo azota y deja una estela de devastación. No imagine más. Ése es el panorama que vive Puerto Rico, un territorio de Estados Unidos de 1898.

Dudar que la isla caribeña sufre una crisis humanitaria es poner en entredicho que el ser humano necesita oxígeno, agua y comida para vivir. Y, precisamente, agua y comida encabezan la lista de prioridades que necesita la gran mayoría de sus 3.4 ciudadanos americanos, tras el paso catástrofico del huracán María el miércoles, 20 de septiembre.

La escasez de diésel, gasolina y el colapso de las comunicaciones se añaden a las urgencias del pueblo, que diariamente recibe un reporte de “avances” del gobierno que lentamente se refleja en su cotidianidad. El caos ha dejado 34 muertes confirmadas, serios problemas en el sistema de salud y un país sin servicio eléctrico.

Helicópteros sobrevolando la Isla, el anuncio de 4,400 tropas militares y la presencia de un general de tres estrellas dan la impresión de que la casa estará pronto en orden. Sin embargo, la tardanza en la ayuda del gobierno federal, la percepción de que falta un plan de logística y las filas que día a día hacen los puertorriqueños para obtener agua, gasolina y dinero en efectivo de los cajeros automáticos indican que la normalidad tardará mucho en regresar.

En Utuado

La familia Pérez Rodríguez sufrió un gran susto cuando la lluvia que trajo el huracán María provocara que el jueves, 21 de septiembre, la pequeña montaña -que colinda su casa- se derrumbara dejando un “mar de fango”. El alud provocó que tres vehículos de la familia se apiñaran chocando contra una de las paredes de la residencia. José Pérez, de 41 años; su esposa Griselidis Rodríguez Figueroa, de 53 años; sus hijos Lorraine y Leonardo, y el abuelo Eugenio Rodríguez González, de 83 años, padre de Griselidis, sintieron como “trueno” cuando ocurrió el desprendimiento, en el barrio Caguana, en Utuado. La casa quedó intacta, pero la familia temió por su vida. (Fotos: Vanessa Colón Almenas)

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En Salinas

Como la gran mayoría de los municipios de Puerto Rico, el pueblo sureño de Salinas sufrió los estragos del huracán María. Julio Ramos Ortiz, de 65 años y retirado; su hija Norcy Ivelisse Ramos Colón, de 34 años, y su esposa Migdalia Colón Rodríguez, 57 años y ama de casa, vivieron momentos de angustia cuando regresaron a su hogar en el barrio Las Mareas, en Salinas, de la cual sólo quedó el techo del baño. Durante el paso del fenómeno atmosférico, la familia se refugió en casa de un familiar en el pueblo aledaño de Guayama. Actualmente, viven en un cuarto en la casa de otro familiar en el mismo barrio. (Fotos: Vanessa Colón Almenas)

Norcy Ivelisse Ramos Colón, de 34 años y ama de casa, muestra cómo quedó el patio de su casa en el barrio Las Mareas, en Salinas, donde vive junto a su padres y su hermano. “Perdimos todo prácticamente, porque no tenemos casi ná’. Adentro se nos fue todo, hasta los sillones”, explica Ramos Colón para describir el estado de destrucción de su hogar tras el paso del devastador huracán María, categoría 4. (Fotos: Vanessa Colón Almenas)

El sector agrícola es otra de los renglones afectados gravemente con el embate del huracán María en Puerto Rico. Ante la complejidad de los daños, aún no se han estimado las pérdidas en el sector de las cosechas de plátanos, papayas y café. (Fotos: Vanessa Colón Almenas)

La estudiante Juleysi Feliciano Rivera, de 17 años, observa desde la casa donde vive con su abuela. La residencia se inundó con agua del mar y del mangle en el barrio Las Mareas, en Salinas. Las camas, la ropa, los muebles y la nevera son pérdida total. Duerme ahora con su abuela en un cuarto, donde juntaron dos camas pequeñas que comparte igualmente con una hermana. (Fotos: Vanessa Colón Almenas)

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En Santa Isabel

Barriles, telas metálicos y varas expuestas es lo que queda de la iniciada reconstrucción del malecón de Santa Isabel. Este pueblo costero en el sur de Puerto Rico también sufrió los vientos huracanados de María, que llegó a tener 175 millas por hora por su traslado en el mar del Caribe. (Fotos: Vanessa Colón Almenas)

Ante la adversidad…un chapuzón de agua. Arnaldo Cruz, de 56 años, sostiene un tubo pvc (policloruro de vinilo), mientras que Domi Leonaldo, de 25 años, se refresca con agua sacada de un pozo improvisado en el barrio El Cocal, en Santa Isabel. El huracán María provocó el colapso de los servicios esenciales del agua, la electricidad y las comunicaciones. (Fotos: Vanessa Colón Almenas)

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